Rincón de las maravillas
El mayor de todos
viernes, octubre 1, 2021

Narrador: Érase una vez en un país muy lejano un rey que publicó un decreto muy inusual y fuera de lo común.

Heraldo: ¡Atención todos! Su majestad ha ordenado que todos los líquidos del reino se presenten ante él. Cada uno deberá explicar qué utilidad y beneficio aporta al reino. El líquido que revista mayor importancia recibirá una valiosa recompensa.

Narrador: La noticia se extendió por todo el reino, y poco después se reunió toda la corte y un gran número de líquidos se presentaron ante el rey, ansiosos por narrar sus bondades.

Agua Salada: Yo, Majestad, soy la más importante. Transporto, de un puerto a otro, los navíos que llevan a vuestros súbditos y mercancías. En mis aguas nadan infinidad de peces y criaturas que precisan de mí para su subsistencia.

Y no solo eso, sino que además contengo un valioso mineral, la sal, que se utiliza ampliamente por todo vuestro reino.

Agua Dulce: ¡Nada de eso! Yo, Agua Dulce, soy la más importante.

Lleno ríos, lagos y arroyos. Sin mi presencia, morirían irremediablemente un sinfín de criaturas y peces. Y no solo eso, sino que también lleno los pozos a donde acuden a beber los sedientos.

Y por supuesto, sin mí morirían los seres humanos, pues solo yo puedo saciar su sed. ¡Sin lugar a dudas, yo soy el líquido más valioso de todos!

Jugo de Fruta: Disculpen, pero se han olvidado que nosotros, los jugos de fruta, también saciamos la sed de las personas. Gracias a las vitaminas que contenemos y al alimento que proporcionamos, fortalecemos sus cuerpos. Somos los más apetecidos y los de sabor más placentero, y por eso somos los más importantes.

Leche: ¡Escuchen todos! A un recién nacido no se le da al comienzo ni agua ni jugo. Solo leche materna. Yo, la leche, soy para el infante alimento y bebida, y su única fuente de sustento. Si mí, perecerían los seres humanos y los animales.

Narrador: Y, de manera similar, todos los líquidos proclamaron ante el rey sus bondades, adjudicándose la mayor importancia y por tanto ser el merecedor del galardón.

Al concluir las presentaciones, los súbditos del rey comenzaron a debatir entre ellos cuál de los líquidos sería merecedor del premio.

Cocinero: ¡Yo soy el cocinero del rey! Y afirmo que el más importante es el vino. Proporciona alegría al corazón y aleja las tristezas.

Dama: No seas necio. ¿Acaso no has olido la fragancia de los perfumes que despiertan pasiones? No cabe duda de que algo tan delicioso y encantador merece la distinción.

Narrador: Muy pronto la corte en pleno estaba dividida discutiendo sobre qué líquido era el más importante. El otrora dichoso y jovial rey, ahora se encontraba muy preocupado y profundamente abatido.

Rey: ¡Me arrepiento de haber proclamado este edicto! ¡Jamás se me ocurrió pensar que causaría tal alboroto! Discúlpenme, pero no me siento bien. Debo retirarme a mis aposentos.

Narrador: Pasaron los días, y los líquidos continuaron haciendo alarde de sus virtudes, e incluso comenzaron a menospreciarse entre sí lanzando comentarios mordaces.

Jugo de Fruta: ¡Tú, Agua Salada, siempre tienes suciedad flotando en ti!

Agua Salada: ¡Tú, Jugo de Fruta, eres empalagoso!

Narrador: La cosa llegó a tal extremo que los líquidos, en un intento desesperado por ganar, llegaron incluso a mentir.

Agua dulce: Yo soy el único líquido que mantiene la vida.

Agua salada: ¿Y quién dijo que el agua salada no se puede beber?

Narrador: El atribulado rey estaba cada vez más angustiado y afligido, hasta que al final cayó gravemente enfermo.

Rey: ¡Oh, Dios mío! Tú me mostraste que entregara el galardón al líquido más merecedor, pero hasta ahora no he hallado ninguno que no sea arrogante y descortés. Ahora me encuentro enfermo en cama, y moriré de tristeza y pesar.

Narrador: Mientras tanto, en la corte, los ánimos se caldeaban cada vez más. De repente, apareció la reina, y todos quedaron atónitos al contemplar que vestía de luto.

La reina habló con voz queda.

Reina: Con gran pesar tengo que anunciar que nuestro amado y bondadoso rey acaba de exhalar su último suspiro. Nuestro comportamiento descortés y pendenciero le ha ocasionado tal dolor y desaliento que le ha costado la vida. Vengan y contemplen por última vez a nuestro honorable rey.

Narrador: Todos los líquidos, con la cabeza gacha y en completo silencio, siguieron a la reina para presentar sus últimos respetos ante el inerte cuerpo del rey. Al contemplar su semblante apesadumbrado, se sintieron muy avergonzados de su actitud egoísta, codiciosa y porfiada.

En ese instante, una lágrima resbaló por la mejilla de la reina y cayó sobre el rostro del rey. De repente, la lágrima se transformó en una preciosa hada.

Lágrima: Adiós, mi dulce y querido rey. Soy el Hada de la Lágrima, de las lágrimas que surgen de un corazón que ama y que llora por otros. No pude aparecer antes, pues solo fluyo de un corazón roto. Limpio los corazones de aquellos que me lo permiten para que así puedan disfrutar de un vínculo más estrecho con Dios.

Narrador: Cuando el hada de la lágrima dio un beso de despedida al rey, éste volvió a la vida y se incorporó en su lecho.

Rey: ¡Gracias, mi querida lágrima, por honrarnos con tu presencia! En verdad, ¡tú eres el líquido más importante de todos!

¡Y por tanto, desde hoy proclamo oficialmente que el líquido más valioso de todos es nuestra querida y apreciada lágrima porque nos limpia el corazón y purifica nuestro espíritu! Nos une más a Dios, pues cercano está Él a los quebrantados de corazón.

Narrador: Repentinamente, los rostros de todos los presentes se llenaron de lágrimas, al mismo tiempo que estallaban en demostraciones de júbilo de que su rey hubiera vuelto a la vida. Todos estuvieron de acuerdo en que las lágrimas son el líquido más estimable de todos.

Desde aquel día, el reino se convirtió en un lugar feliz y plácido donde los líquidos trabajaban juntos en aras del bienestar del país. Y así, Dios, lleno de gozo, publicó un decreto:

Dios: De hoy en adelante, las lágrimas surgirán no solo de la tristeza y el pesar, sino también del gozo y la alegría, para que su belleza permanezca eternamente en los corazones de la humanidad.

Narrador: Y un día, Dios mismo enjugará toda lágrima de pesar de nuestros ojos y solo quedarán las que son fruto de la alegría.

Fin
Anónimo. Adaptación: Simon Peterson. Ilustraciones: Sandra Reign. Design por Roy Evans.
Audio producido por Radio Active Productions. Utilizado con permiso.
Publicado por Rincón de las maravillas. © La Familia Internacional, 2021
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Etiquetas: relatos para niños, audio, humildad