Rincón de las maravillas
Cuentos del abuelito: Cuadrilla y Cía.: Competir sin discutir
lunes, noviembre 14, 2022

El desayuno estaba servido. A Tristán le encantó el huevo frito con tostadas y el vaso de jugo fresco de naranja. Aquel era un gran día. En efecto, una vez al mes Roberto, el guarda forestal, se llevaba de excursión a un bosque cercano a los niños y profesores del colegio de Tristán. Ahí les hablaba del bosque y de los animales que vivían en él y les enseñaba técnicas de supervivencia.

—¿Estás listo para la excursión? —le preguntó su abuelo al sentarse a su lado a desayunar.

Tristán asintió con la cabeza.

—Hoy don Roberto nos va a hablar de los peces del río. Tal vez hasta nos enseñe a pescar.

—Eso sería divertido —dijo el anciano—. ¿Qué más les enseña?

—A veces nos divide en equipos y hacemos juegos sobre cosas que hemos aprendido con él. No me gustan esos juegos, porque normalmente me toca un equipo malo y perdemos.

—Entiendo que eso te fastidie; pero lo que hay que hacer es trabajar en equipo y ayudarse unos a otros.

—¿Cómo? —preguntó el niño.

—Mejor te lo explico con un cuento mientras vamos al colegio.

* * *

La carrera benéfica de Cuadrilla y Cía. era una carrera de relevos que se realizaba todos los años a fin de reunir fondos para una obra social de la empresa. Todos los vehículos para la construcción participaban en ella.

Cantidad de gente de la ciudad iba a verla. El capataz siempre se esmeraba para que el acontecimiento fuera emocionante y lo más entretenido posible para todos. Había diversos espectáculos y mucha comida y bebida. Pero lo más destacado era siempre la carrera de postas.

Los vehículos se pasaban la semana antes poniendo a punto sus motores y arreglando cualquier desperfecto. El último día les hacían un buen lavado y les llenaban el depósito de combustible.

Había cuatro equipos, cada uno de tres vehículos.

—Distinguido público, buenas tardes —dijo el capataz.

La multitud hizo silencio.

—La carrera comenzará en media hora —prosiguió el capataz—. Antes de que empiece quiero presentarles a los cuatro equipos que van a competir hoy.

La muchedumbre aclamó.

—El equipo A —continuó el capataz— está compuesto por Lanzador y Mezclador de Hormigón y Pepe Volquete.

La gente volvió a ovacionar.

—El equipo B, por Pinta Asfalto, Rodillo Aplanador y Camión Grúa.

El público aplaudió.

—El equipo C, por Triturador, Perforador y Carmen Pluma.

Se escucharon más aplausos.

—Y por último, el equipo D está formado por Demoledor, Mini y Cavi.

Una vez más el público hizo una ovación.

—La gente aclamó más al equipo A que al nuestro —se lamentó Carmen—. Vamos a perder.

—No digas eso —la regañó Perforador un poco molesto—. Simplemente esfuérzate y haz tu parte.

—Bueno, ¿qué quieres que haga si no soy tan rápida como tú? —repuso ella.

—Carmen, deja de quejarte y anda a calentar tu motor —le soltó Triturador bruscamente.

Carmen se alejó dolida.

Mientras tanto, Lanzador, Mezclador y Pepe se habían reunido a un costado y tramaban en voz baja lo que iban a hacer para lograr la victoria.

—Si se te pone alguien delante, dale un empujón —recomendó Mezclador—. Nosotros somos fuertes, ¡y podemos ganar!

—Sí —corearon Pepe y Lanzador, y se pusieron a cantar una y otra vez—: ¡Vamos a ganar!

—¿Cómo me veo? —preguntó Pinta pavoneándose delante de Camión Grúa y Rodillo.

—¿Qué más da? —contestó Camión Grúa—. Esto en una carrera. Poco importa tu aspecto. Solo tienes que ir lo más rápido posible y tratar de ganar.

—¡A mí sí me importa! —exclamó Pinta, y se fue hecha una furia.

Demoledor, Mini y Cavi también se estaban preparando.

—Corran todo lo que puedan —dijo Demoledor a sus compañeras de equipo—. Da igual quién gane, con tal de que lo pasemos bien, ¿verdad?

—Sí —respondieron ellas.

—Creo que no voy a conseguir ir muy rápido —observó Mini.

—No te preocupes —respondió Cavi—. A veces te he visto andar bastante deprisa. Tienes ruedas buenas, aunque sean chicas. De todos modos, lo más importante es que lo pasemos bien.

El equipo D estaba listo, y con ganas de empezar la carrera; pero a los demás no les iba igual de bien. Carmen lloraba, Mezclador y Perforador discutían sobre quién iba a ganar y Rodillo estaba enojado con Camión Grúa por haber disgustado a Pinta.

—¿Qué pasa? —exclamó el capataz—. La carrera comienza en diez minutos, y están todos peleándose. Demoledor, ¿podrías resolver estos conflictos?

—Por supuesto, señor.

—Gracias. Me alegro de poder contar contigo.

Acto seguido, el capataz se marchó para asegurarse de que todo lo demás estuviera listo para la competición.

—No sé si quiero participar hoy en la carrera —dijo Camión Grúa—, y menos en el mismo equipo que Pinta.

Enseguida se armó un alboroto y se pusieron a discutir sobre diferentes cuestiones y problemas.

—¡Cálmense todos! —intervino Demoledor—. La carrera empieza en cinco minutos, y la gente lleva toda la tarde esperando este momento. Recuerden que todos tenemos el mismo objetivo. El dinero que recaudemos este año nos permitirá construir un nuevo patio de recreo para el colegio. Es absurdo que nos peleemos. Tenemos que trabajar en equipo, unidos. Da igual quién gane. La cosa es pasarlo bien.

—Tienes razón —admitió Triturador—. Yo quiero hacer la carrera, y estoy contento con mi equipo. Aunque no ganemos, nos podemos divertir.

Los demás vehículos también estuvieron de acuerdo, y se pidieron disculpas unos a otros.

—Cuadrilla y Cía., a sus puestos —anunció el capataz por los altoparlantes en ese momento—. La carrera va a comenzar.

Los cuatro equipos se colocaron en la línea de partida, atentos a la señal del capataz.

—A sus marcas... listos... ¡YA!

Los cuatro primeros vehículos salieron disparados.

El público ovacionaba. Los vehículos que estaban esperando su turno animaban a su compañero de equipo que estaba corriendo. El capataz también aplaudía.

En la vuelta final, los últimos competidores de cada equipo —Mini, Rodillo, Triturador y Lanzador— recorrieron el circuito a toda velocidad.

—¡Rápido! ¡Rápido! —alentaba el público.

La meta ya estaba a la vista. Los gritos de la muchedumbre fueron en aumento.

—¡Vamos! —le vociferaba Demoledor a Mini.

Ésta aceleró y cruzó la meta en primer lugar. Los otros tres llegaron justo después.

—Han estado magníficos —exclamó el capataz.

Todos los asistentes aplaudían.

—Fue muy divertido —dijo Camión Grúa—. Me alegro de haber hecho la carrera. Aunque nuestro equipo no ganara. Aun así lo pasé bien.

Todos asintieron.

—Esto merece una celebración —anunció el capataz—. Ha sido la mejor carrera de todas. Gracias por su ayuda y participación.

* * *

Aquella noche, a la hora de la cena, Tristán les contó alegremente a sus padres y a su abuelo las aventuras que había vivido aquel día.

—Éramos tres equipos: los Salmones, los Tepemechines y los Pinchudos. A don Roberto, el guarda forestal, se le ocurrió ponernos nombres de peces. Yo estaba en el equipo de los Pinchudos.

—Parece que se divirtieron un montón —dijo su abuelo.

—Sí. Yo les conté a algunos amigos el cuento de esta mañana —comentó Tristán—. Les gustó mucho. Mi equipo estaba muy unido, y aprendimos cantidad de cosas sobre los peces y los ríos. También hicimos varios juegos. Mi equipo no ganó todas las veces, pero algunas sí. Lo pasamos muy bien.

Moraleja: Si aprendes a trabajar en equipo con los demás, verás que puede ser muy divertido.
Texto: Katiuscia Giusti. Ilustración: Agnes Lemaire. Color: Doug Calder. Diseño: Roy Evans.
Publicado en Rincón de las maravillas. © Aurora Production AG, Suiza, 2008. Todos los derechos reservados.
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Etiquetas: cuentos del abuelito, audio, resolución de conflictos, cuadrilla y cía., amistad, relatos para niños, trabajo en equipo